Capítulo 3. En el gimnasio

Estamos a miércoles y hoy va a ser mi primera clase de spinning. Estoy algo nerviosa porqué aunque me gusta el deporte no me gustan los gimnasios; no me gusta sudar delante un montón de gente que no conozco de nada, y no me gusta ese tipo de concurso silencioso que sea crea en los gimnasios entre las mujeres, para ver quién es  la más estilosa metiendo su cuerpo dentro de unas mallas….sí sí sí…las mujeres somos así, aunque muchas no lo reconozcan.

En fin salgo de casa con la mochila y todo lo necesario, llego con tiempo suficiente para cambiarme, ubicarme bien el vestuario  y calentar. Al menos en mis años mozos era lo que hacíamos antes de darnos una paliza de cualquier deporte; Ahora el calentamiento va incluido en la clase.

Estoy contenta, motivada, con ganas!

Pienso que llevamos 15 minutos de clase, que estoy sudando como un  pollo, y reflexiono en la huella que va dejando la edad cuando hacemos un parón de nuestra vida deportiva y en lo que luego cuesta volverá  arrancar, todo esto al ritmo de la música, viéndome sin gustarme, en el espejo de la clase, mientras el monitor grita: y otra vuelta máaas!!

Doy esa otra media vuelta a la ruedecita de la bici pero algo he dejado de controlar porqué ahora mismo mis manos están en el suelo, mi culo hacia arriba y mis pies siguen en los pedales! La clase sigue entre risas…menudo estreno…¿ qué probabilidades hay de caerse de una bicicleta fija en una clase de spinning?

Llego al vestuario, las chicas, que no conozco a ninguna, se ríen conmigo, no de mí, y eso me alivia algo, aunque lo que más me apetece es una ducha tranquila, y enfundarme de nuevo en mis vaqueros, mi jersey ancho y volver a ponerme mis deportivos Muxart nuevos, y salir del gimnasio.

Los compré hace un par de semanas, son de color gris azulado, la punta es totalmente cuadrada  y la suela tiene el relieve de una huella de pie, de tal manera que si pisas algo seco con el playero mojado la huella que dejas es como si anduvieras descalzo. Me chiflan!

La suela es algo gruesa, y tienen un poco de cuña! No sé si se llevan o no, porque en realidad siempre he llevado lo que me gusta independientemente de si está o no de moda, y vivo en un pueblo! Da igual lo que te pongas porqué siempre habrá alguien que tendrá algo que decir, sea bueno o malo, y si además lo has comprado en la ciudad, más que decir aún…en fin.

Consigo el objetivo de la ducha tranquila, incluso me rio conmigo misma de la leche que me he dado yo sola, menudo estreno, consigo vestirme también muy tranquila, no queda nadie en el vestuario, me he tomado mi tiempo, pero, CARAAAAAIIIII, no están mis playeros!

Donde están mis bambas? Mis Muxart!!!! En el gimnasio? De verdad??? En el tiempo de la ducha, que fue el único rato que estuvieron fuera de la taquilla, me robaron los zapatos?

Pues sí!

Hay que ser ruin! Si además son bien raros y distintos, y esto es un pueblo, cuando los va a poner?

Salgo con los deportivos que usé para la clase. Estoy indignada y rabiosa a la vez, sofocada e impotente, y en ese estado me dirijo a recepción donde comunico mi desgracia.

La chica amabilísima me dice que no es la primera vez que pasa y que lo suyo es no sacar las cosas de la taquilla hasta que realmente las podamos ver, porqué en los vestuarios no pueden poner cámaras…y me cuenta que hay gente que ha tenido que salir con la ropa con la que había hecho deporte porqué les habían robado el vestido, o unos pantalones…hay que fastidiarse!

Volví  a la  ciudad a los pocos días del disgusto, compre de nuevo mis deportivos raros (que me decían mis amigos) de punta cuadrada y huella en la suela, de color azul grisáceo.

El disgusto desapareció antes que los moratones de la caída, las risas aún perduran!