Capítulo 2. Casting

Tengo un casting en un sitio donde no he estado nunca y quiero llegar con tiempo.

Sencilla, elegante a la vez que informal, y con tacones.

La calle es larga y de subida y sé que al final está la parada del metro que tengo que coger.

Pienso en cómo es vivir en la ciudad, en lo complicado que es a veces estar perfecta para ciertas ocasiones, en el tiempo que tardas desde que te has arreglado hasta que llegas al sitio, y eso sin despeinarte, sin sudar, sin que el rímel y el maquillaje se muevan de su sitio.

Sigo inmersa en mis pensamientos, miro el reloj y voy bien de tiempo.

Hay tres tramos de escaleras con dos rellanos, de repente un montón de gente que sube; Pienso en lo poco que me gusta el olor del metro, ni la sensación que produce el aire caliente cuando estás entrando en él; mis divagaciones quedan interrumpidas sin que me de cuenta, no llego al segundo rellano: plaaaaaaafffffff.

AHHHHHHH…me levanto rápidamente del suelo, toda digna, sin ni siquiera valorar si me he hecho daño o no, y aunque hay un montón de gente nadie se para, tampoco sé si se ríen, ni lo quiero saber. Me sacudo el pantalón negro, las manos, y cuando me dispongo a dar los primeros pasos, noto que algo no está bien, que camino descompensada, incomoda, y escucho un poco más arriba las risas de un grupo de chavales… no me doy la vuelta, me siento ridícula y me entra la risa mientras me doy cuenta que el tacón ha desaparecido de mi zapato derecho.

Porqué me pasan a mi estas cosas?

Recojo el tacón y lo guardo en el bolso, subo las escaleras lo más digna que puedo, y entro en la zapatería que hay nada más salir del metro, en la que ya me he parado en el escaparate hace solo unos minutos. Unos zapatos, nunca sobran en el armario de una mujer.

Llego a tiempo al casting, cuando es mi turno me piden que cuente la última cosa graciosa que me haya pasado, y no he tenido que pensar mucho.

Pasé el casting, pero esta ya es otra historia.